Han transcurrido varios días del concierto de despedida de Megadeth en Lima y aparte de la banda de David Mustaine, mucho se ha comentado y de manera muy positiva la histórica participación de la banda peruana, Hyena, abriendo el show.
Nos hemos demorado algunos días, y a continuación le presentamos la crónica de esa noche inolvidable a cargo de Bruno Gastello, colaborador de GUERREROS DEL METAL, y uno de los asistentes de esa memorable jornada.
Una crónica desde el caos
Llegué a la Costa Verde y me quedé observando el mar. Mis ojos se desviaron hacia la Arena 1, lugar en el que en 2024 también fui partícipe de la llegada de Dave Mustaine a tierras peruanas en su gira Crush The World Tour. Por fortuna, en esta ocasión, se eligió para abrir el show a la banda cajamarquina Hyena, sin duda, de lo mejor del Perú en el heavy metal tradicional.
Justamente recordaba que, en ese 2024, vi por primera vez a Megadeth y también a Hyena. Al primero como ya lo comenté y al segundo en el Lima Metal Festival IV, donde los cajamarquinos me dejaron una muy buena primera impresión por su potencia.
Ya eran las 17:00 horas, desde arriba en el malecón veía cómo la gente más puntual iba entrando a la explanada del Costa 21 para estar lo más adelante posible. Mientras esperaba a mis amigos me compre un polo para el concierto, unas papas para el hambre y un agua para que pase todo.
Luego bajé rápidamente, crucé la vía y me encontré con Carlos e Imanol, quienes ya habían comenzado la previa. La escena se completó con la llegada de Ren y Dylan. En cuestión de minutos, el grupo estaba reunido. Entre cervezas, cigarrillos y la espontánea aparición de un desconocido que ofreció más alcohol, el ambiente se distendió. La espera se transformó en ritual colectivo.
Un regreso impulsado por la pasión
Faltando media hora para las 20:00 horas, decidimos ingresar al recinto. Todo el grupo entró junto, nos pusimos a la altura de la batería, disque para no perdernos y que funcione como punto de encuentro por si nos perdíamos en un pogo. Idea que se desvaneció al primer grito de Hyena en el escenario.
Minutos antes de empezar el concierto, fui al baño. Saliendo me encontré con un tío, de unos 60 años aproximadamente, que hace Lives en Tiktok y se llama Roni; lo saludé; el tío bravazo me devolvió el saludo. Charlamos un poco sobre lo que ambos esperábamos del show, tanto de Hyena como de Megadeth.
Roni estaba emocionado por Hyena y me dijo: “los muchachos tienen para mucho más, aún están explorando su sonido. Espero que esta presentación le sume gente, que los ayude con la notoriedad. Si las productoras no los ayudan, debemos hacerlo nosotros pes webon. O sino que se vayan a la mierda esos poseros”. Acabamos la conversación entre carcajadas y antes de perdernos entre la multitud, me invitó un poco de su chela y me dijo gritando: “disfruta el concierto y sácate la mierda”.
La noche de Hyena
Guiándome por la batería al medio del escenario, única vez que esa referencia sirvió, me reincorporé a mi grupo de amigos. Ya eran las 20:00 horas, la gente empezó a corear a Hyena. Unos cuantos minutos pasaron y el grupo cajamarquino salió al escenario. Los gritos se hicieron más fuertes, los aplausos resonaron en toda la explanada. La banda se puso de espaldas, la distorsión de cada instrumento solo ponía más en suspenso la espera. La batería desenfrenada empezó a sonar y comenzó a «About Rock and Roll».
El sonido del ride y el poderoso riff ochentero, despertó al público peruano. El grito de Diego llamando al desenfreno “Limaaaaa”. Fue lo último que el público necesitaba para empilarse, como si fuese obra del destino, el pogo se formó al frente nuestro.
Los cinco nos metimos entre empujones, patadas y codazos. Con un sacudón violento salgo por un momento del pogo, me percato que uno de mis brazaletes ya se me había caído, subo la cabeza y veo el escenario. Cinco pelucones dándolo todo y al puro estilo de Riot, con Johnny, sale la mascota de la banda; un ser antropomórfico con cabeza de hiena portando un tipo de pistola láser.
Una imagen con 100% esencia a metal ochentero. Fijé mi vista de nuevo en el pogo; estaba Carlos recibiendo empujones por todos lados. Sus lentes resistieron tanto como él ante los golpes de personas que le llevaban dos cabezas de diferencia. Terminada la primera canción, Carlos se me acerca solo para decirme que se le había perdido uno de mis brazaletes.
Metal peruano de verdad
Tres minutos de puro metal había sido suficiente para emocionar a todo el público. La gente ansiosa por más estruendo entre sus oídos, pedían a gritos “!Volumeeeen¡”. Calibrado el sonido, Hyena quería seguir volándonos la cabeza con heavy metal. Al unísono Diego Valdivia nos pide gritar «Metal Machine», la canción arranca con todo.
Nuevamente perdí de vista a Carlos, el pogo se volvió a armar y en cada coro gritando “Metal Machine” me caía un tipo de sustancia diferente. Un loco tirando cerveza a todos los del pogo, el sudor que desprendía cada cuerpo al chocar con otro y las nubes de humo que llegaban a reposar en los huecos donde pogueabamos.
La mascota de la banda seguía haciendo acto de presencia, animaba a la gente a seguir pogueando. Cada reflejo de luz se convirtió en un destello de los años 80. Heavy metal puro y duro había invadido el cuerpo de cada persona en Costa 21, la canción terminó con un clásico “ohohohhh”.
La gente empezó a corear el nombre de la banda “Ole, ole, ole ole, Hyena, Hyena” y así sucesivamente, casi un minuto de puro cántico fueron necesarios para alentar a la banda y seguir rockeando con heavy metal. Ya había perdido a todo mi grupo, estaba lo demasiado cansado como para seguir pogueando.
Comienza «The Eternal Zero», mi cuerpo necesitaba reposo; me resigné a estar al borde del pogo: recogiendo a los caídos, metiendo gente al pogo y empujando para que no salieran de ese infierno. De lejos ví cómo prendían cohetecillos, el show pasó a ser uno de pirotecnias. Cada estruendo de la pólvora se unía a los galopes del pogo. A todos ellos no les importaba terminar heridos, de hecho, eso sería parte del recuerdo de un buen concierto.
Terminada la canción, la banda y la gente paró un momento, pidiendo más volumen. Había problemas en cabina, pero eso no iba a impedir a que los headbangers más empilados terminen de sacarse la mierda con Hyena.
Vamos a matarnos con heavy metal
En ese tiempo muerto, Diego le habló a todo el recinto agradeciendo el recibimiento: “de puta madre estar acá” gritando extasiado; dándole cuerda al motor. “Vamos a matarnos con heavy metal”, con una voz más repuesta y lista para seguir con la brutal presentación que se iba consolidando como una de las mejores de la banda.
“Esta es de las últimas presentaciones que daremos acá en Perú, antes de migrar a Asia, a tocar en Japón, Taiwán y China; vamos a destruirlos con el poder de heavy metal hecho en Perú” exclama el vocalista antes de que empiece a sonar «Nigthriders». Ya con algo de descanso, me vuelvo a unir al pogo. El desenfreno seguía en la cancha, a un metalero se le puede negar muchas cosas, pero nunca dejar de sentir su música.
El pogo es más allá de solo golpes, es la liberación de tensión, es la explosión de adrenalina. Es una mezcla rara de euforia y descontrol, como si por unos minutos pudieras soltar todo lo que cargas y convertirlo en movimiento. Chocas con desconocidos, pero no se siente ajeno: es como si todos estuvieran en la misma frecuencia, liberando lo mismo, aunque cada uno lo vive distinto. Si uno se cae, los demás lo recogen. Si a alguien se le cae algo, otro lo recoge y preguntan de quién es.
El pogo es un lugar de conexión, la unidad de todos en uno solo. Es la máxima expresión del metal y nuestra más grande pasión. El show seguía y «Ready to Explode» remeció a todos, el pogo se armó y entre saltos y empujones siento una mano invadir mi espacio, disimuladamente siento como baja y se hace espacio entre mi bolsillo derecho; mi reacción natural fue botar la mano. No le di mucha importancia, trate de ubicar al pata para confrontarlo pero se me fue, y todo quedó ahí. Ya para el último coro de la canción, “Ready to explode, with a heavy metal” me alistaba para abalanzarme hacia todos y contra todos.
Pero volví a sentir esa mano, queriendo sustraer mi celular. Esta vez, empuje al pata. Lo tantee, era un viejo panzón, lentes de nerd, calvo y con una cara de palteado. No reparé en molestarme y lo mande de frente al pogo. De cólera le metí un par de puñetes bien dados, y finalizando la canción comencé a gritar “choro”, el panzón no tuvo de otra que escaparse de toda la gente. Terminada la canción me aparté un rato del círculo. Chequee que no me faltase nada. Medio muñequeado por lo que me acababa de pasar.
De nivel internacional
Cuando me repuse ya había comenzado la última canción «Keep it true», olvidé todos los problemas y me puse a saltar. El grito espectacular de Diego Valdivia antes de dar pase al solo de guitarra, fue la señal. Era hora de brillar de los guitarristas, se pusieron al frente del escenario a darlo todo en eso últimos riffs.
Todos en Costa 21 sabíamos que era la última canción. Lo estábamos dando todo. Entre el naciente pogo que se estaba armando al lado mío, el solo veloz y violento no me percaté de lo que pasaba a mi alrededor. A mi derecha escucho un tipo de pifido, un calor abrasante y un destello rojo se enciende tras de mi hombro.
El olor a azufre se impregnó en mi nariz. La primera bengala de la noche había sido prendida al lado mío. Como hormigas, hicimos un espiral de la muerte siguiendo al tipo de la bengala. Un poco del infierno se liberó en esa última canción, una pequeña probada de lo que sería en Megadeth.
El color violento de ese rojo solo hacia nuestros empujones más fuertes, nuestras voces más ásperas y convertía el sudor en vapor. Y la bengala se apagó, cumplió su cometido; a la par Hyena termina su setlist, la gente satisfecha alentó a la banda.
Tras un poderío en el escenario, digno de bandas como Judas Priest o Saxxon, la banda cajamarquina se despide: “!Nosotros somos Hyena, puro metal y absoluto heavy metal¡”. El metal peruano hizo acto de presencia, los riffs pesados de Alfredo, el paso del bajo, la batería violenta y la voz espectacular de Diego dejaron en alto el metal nacional. Gritos que llegaron más allá.
El sonido de Cajamarca directo a los oídos extranjeros. Preparados para ir a Asia. Hyena esa noche se consolidó como una de las grandes promesas de metal nacional actual, dando un espectáculo digno de ser recordado, no solo porque le abrieron a Megadeth, sino también, por demostrar de lo que esta hecho el peruano y el heavy metal que lleva en su sangre.
La despedida de Megadeth aún estaba por comenzar, pero el metal peruano ya había dejado claro que tenía un lugar propio en el escenario.
GUERREROS DEL METAL

